¿Sería Hillary mejor que Trump?

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Por Rafael Ramírez de Alba López
Director del área

Con la conclusión de las convenciones de sus respectivos partidos, finalmente se han hecho oficiales las candidaturas de Donald Trump por parte de los republicanos y de Hillary Clinton por los demócratas.

Mucho se ha escrito, y con razón, sobre los efectos negativos de una eventual presidencia de Trump, no sólo para México sino para el mismo EU. En los últimos meses Trump ha insistido con frecuencia en que la inmigración y el TLCAN son dos de las principales razones de los problemas que enfrenta su país. No cabe duda que serían sumamente negativas la mayoría de las políticas económicas propuestas por Trump, desde su rechazo al TPP y su intención de renegociar del TLCAN hasta la peligrosa y absurda posibilidad de dejar de pagar la deuda del Gobierno americano para supuestamente obtener mejores condiciones.

Hay quien piensa que, desde el punto de vista económico, una eventual victoria de Hillary sería mucho mejor que la de Trump, y que representaría un regreso a la prosperidad que caracterizó la presidencia de Bill Clinton en los noventas. Pero esta posibilidad es muy baja. Con el paso de los años, el partido de Clinton se ha movido hacia una plataforma mucho más intervencionista en lo económico, enfocada en la redistribución más que en la creación de riqueza. Lamentablemente, los demócratas se encuentran lejos del pragmatismo más favorable al mercado y al emprendimiento que fueron impulsados por Bill y por un Congreso dominado por republicanos.

Personalmente, Hillary tiene serios defectos que explican su dificultad para entusiasmar a votantes independientes y de su partido. Igual que su esposo, se considera como una política que ha sabido beneficiarse financieramente de sus conexiones y cargos públicos, muchas veces al borde de la legalidad. Como recientemente documentó el Financial Times, desde que Bill Clinton dejó la Presidencia de EU, en 2001, en conjunto él y Hillary han tenido ingresos por más de $250 millones de dólares, entre nombramientos a consejos de administración, regalías por sus libros y conferencias. Siendo Hillary Secretaria de Estado, a cargo de las relaciones exteriores de su país, la fundación de su esposo recibió millonarios donativos de gobiernos extranjeros. No es difícil pensar que estos pagos y donativos constituyen, en el mejor de los casos, un claro conflicto de interés, si no es que son una manera de comprar influencia de parte de muchas empresas y gobiernos ante la posibilidad de que Hillary llegue a ser Presidente.

Hillary Clinton es una figura que tiende a dividir profundamente a la población. Se opone, por ejemplo, a que las empresas que proveen abortos cumplan con reglas mínimas de salubridad, ha defendido a organizaciones implicadas en la venta de partes fetales relacionadas con esta práctica y está a favor de que no se le imponga ningún límite, inclusive hasta el momento del nacimiento.

En lo que respecta a temas económicos, igual que Trump, Clinton ha manifestado su rechazo al libre comercio, específicamente en relación al TPP que se encuentra actualmente en negociación. Por otro lado, la plataforma de su partido incluye propuestas como el aumento del salario mínimo federal en más de 100 por ciento a 15 dólares la hora, lo que generaría un gran desempleo, en especial en jóvenes y trabajadores menos calificados y más vulnerables, poniendo en serios dificultades a la mayoría de las pymes, particularmente en el sector servicios. Propone, además, una importante expansión en la regulación de las actividades económicas, lo cual sería un obstáculo más a la generación de negocios y empleo en un momento en el que la formación de empresas se encuentra en uno de sus niveles más bajos. También es parte de su plataforma un aumento considerable del gasto público a través todo tipo de programas gubernamentales, con serias implicaciones para las finanzas públicas del país y el consiguiente desplazo de proveedores privados; no olvidemos que la deuda del Gobierno americano ha crecido exponencialmente en la actual Administración y se encuentra en una trayectoria que la podría colocar por encima del 100 por ciento del PIB en relativamente poco tiempo.

Una eventual presidencia de Hillary Clinton constituiría una continuación y profundización del modelo económico de la administración Obama, cuyo resultado ha sido una economía con un crecimiento muy pobre, con una percepción creciente de desigualdad y polarización de la sociedad y con cada vez menores oportunidades para la inversión y la creación de nuevas empresas, históricamente factores clave del dinamismo de la economía estadounidense.

*Publicado originalmente en Reforma