‘Brexit’, ¿catástrofe u oportunidad?

A juzgar por las reacciones de la mayoría de los comentaristas, políticos y lideres sociales, el brexit tendrá consecuencias desastrosas no solo para el Reino Unido mismo sino para el resto de Europa y, posiblemente, para la economía mundial. De acuerdo a la narrativa convencional, ha sido el triunfo de las actitudes xenofóbicas y racistas de los más viejos, que en su miedo e ignorancia no les ha importado sacrificar el futuro de los jóvenes, mucho más abiertos y favorables a una mayor integración europea.

Los mercados financieros a lo largo del mundo parecieron estar de acuerdo. Las principales bolsas de valores tuvieron fuertes caídas y la libra se depreció a su menor nivel en 30 años. En México no fuimos ajenos a esta primera reacción, con el tipo de cambio llegando a cotizarse brevemente a un nivel de hasta 19.50 pesos por dólar.

Sería de esperarse que la volatilidad y la aversión al riesgo en los mercados financieros permanezcan en los siguientes meses. Sin embargo, después de un breve período inicial de sobre reacción, el resultado del referendo ha tendido a beneficiar a los mercados emergentes. Dado que la mayoría de los participantes del mercado esperan ahora que los principales bancos centrales de los países desarrollados relajen sus políticas monetarias, los flujos de capitales han empezado a regresar a los emergentes en búsqueda de retornos y esto se empieza a reflejar en una apreciación de sus monedas.

Por el lado de la economía real se podría esperar una disminución modesta en las proyecciones de crecimiento este año y el siguiente tanto en el Reino Unido como en Europa, ya que muchas inversiones probablemente serán pospuestas o canceladas ante la incertidumbre de las negociaciones entre ambos. Formalmente, el proceso no comienza hasta que el gobierno británico invoque el articulo 50 del tratado de Lisboa, con el cuál dará aviso formal de su intención de abandonar la unión, empezando así un arduo proceso de negociación que tardará por lo menos dos años en completarse.

Ahora bien, más allá de las reacciones de corto plazo, vale la pena reflexionar sobre cuál será el impacto de una eventual salida del Reino Unido de la Unión Europea y si el resultado será tan negativo como muchos esperan

Empecemos por recordar que cuando Reino Unido decidió no adoptar el euro, también se alzaron muchas voces prediciendo un negro futuro para esta nación. Con el paso de los años nos hemos dado cuenta que la decisión demostró ser acertada en vista de las crisis recurrentes que se han generado en el continente producto de la enorme tentación de ciertos países miembros de pretender vivir más allá de sus posibilidades, a través de un generoso y excesivo gasto público facilitado por el acceso al crédito del que gozaron por utilizar la moneda común.

En los últimos años, Reino Unido ha logrado tasas de crecimiento superiores al resto de las economías europeas más grandes, gracias a la independencia de su política monetaria, a una política fiscal promotora del crecimiento a través de impuestos y gasto público relativamente bajos, así como el haber logrado resistir algunas imposiciones regulatorias de la UE.

La Unión Europea nació como un muy acertado proyecto de libertad económica, permitiendo el libre tránsito de mercancías, capital y personas en los países miembros. Sin embargo, con el paso de los años fue aumentando la concentración del poder en una burocracia basada en Bruselas, Bélgica, poco representativa y que poco a poco ha tratado de imponer su visión del mundo en los ciudadanos de los países miembros, en temas que van desde la ideología de genero y sueños de una economía “verde” hasta una onerosa carga regulatoria que asfixia el emprendimiento y la competencia, pasando por costosos subsidios, como los agrícolas, que benefician solo a una pequeña parte de la población.

En el mediano plazo, el impacto del referendo del 23 de junio dependerá del liderazgo que demuestren los gobernantes británicos y europeos en los siguientes meses y años.

Si el rechazo a la Unión Europea o la negativa de los europeos a lograr un acuerdo razonable para la salida del Reino Unido se traduce en proteccionismo comercial, el cierre de fronteras y mayores obstáculos para hacer negocios, el resultado será un declive en la actividad económica y la prosperidad tanto en Reino Unido como en Europa.

Sin embargo, si los británicos aprovechan esta oportunidad para ampliar su libertad económica, logrando acuerdos comerciales con la Unión Europea y otros países del mundo (no sería mala idea invitarlos a formar parte del TLCAN), así como un marco regulatorio que promueva la innovación y el emprendimiento, con una carga mucho menos onerosa de la que enfrentan actualmente como miembros de la Unión, el futuro del Reino Unido podrá ser sumamente prometedor.

* Publicado originalmente en Expansión

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